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El último cigarrillo

Después del taller que tuvimos en el instituto donde conocí a Joe, Kat y Lilith. Salimos a «dar un respiro» lo que significaba que iban a fumar cigarrillos. Yo no tenía el vicio del cigarro, pero creo que era una buena excusa para 1. salir un rato a despejar la mente y 2. conocer más a los chicos de mi clase. Kat y Lilith al hablar se comenzaron a decir que a pesar de que trabajaban en la misma empresa, nunca habían cruzado palabra, Lilith le dijo a Kat que era una de las 1000 personas a las que no le hablaría si no fuese porque nos colocaron a hacer juntos el taller.

Lilith era así, decía lo que pensaba cuando lo pensaba. Aunque muchas veces no medía sus palabras, pues, a veces las palabras que decía eran un poco hirientes. Pero Kat, era ese tipo de chicas que se lo tomaba a broma, y tenía un humor incluso más negro que el de Lilith, por lo que le respondió que si no fuese por esta circunstancia tampoco le hablaría ni que Dios se lo pidiera, entonces ambas rieron, entonces Joe también sonrió, entonces yo también sonreí.

Tal vez sea esa la razón por la cual comenzaron a llevársela también, porque decían exactamente lo que se les ocurría por la mente. Al tener los cigarrillos por la mitad mientras contemplábamos una montaña que estaba completa de nubes. Lilith confesó que tenía una hija, y que el padre no se hizo responsable, por lo que deseaba graduarse tan rápido como fuese posible. Kat le dijo que podía hacerlo, que ella podía hacer todo lo que se propusiera y que tener un hijo a temprana edad no era motivo para no lograr metas. Joe, por su parte la escuchaba muy concentrado, por primera vez su mp3 no estaba reproduciendo alguna música de Daddy Yankee, entonces interrumpió el silencio diciendo que el también era padre, pero de esos responsables, de los que darían la vida por sus hijos y que estaba trabajando y estudiando al mismo tiempo para poder darle un mejor futuro. Dijo también que lo tuvo cuando tenía 17 años y que por obvias razones no fue planeado, pero que no estaba arrepentido de tener a su hijo a temprana edad, pues fue quien lo ha estado motivando para ser una mejor persona.

Yo no tenía mucho que decir, yo era quien tenía menos experiencia de todos ellos y no tenía muchas historias por contar, no había vivido tal vez lo suficiente, pero escucharlos a ellos me hacían sentir como si viviera su dolor, su experiencia, sus vidas.

Luego, Kat al terminarse de fumar el cigarrillo comenzó a decir que era el «último cigarrillo que fumaría» que había estado intentando dejarlo por mucho tiempo, pero que era lo único que la hacía sentir como un «respiro» que a veces tenía tantos problemas que su única solución era salir a «tomar aire» para despejarse de todo. Nos dijo también que tenía planes de casarse, y que tenía aproximadamente cinco años con su novio, que al principio era su mejor amigo, lo que hizo las cosas más fáciles porque «ya se conocían», pero que también era complicado conocer a alguien tal vez demasiado, porque cuando algo cambia, no hay fuerza en el universo que pueda ocultar lo que está sucediendo. Y ella, ya estaba notando ciertos cambios.

El diario de Fabio

Febrero 10, 2017
Salida de emergencia

Después del suicidio de mi primo el dos de diciembre, las cosas en la familia comenzaron a cambiar drásticamente, y es que no era para menos, mi primo estuvo tanto tiempo intentando morir y nadie se dio cuenta que lo decía en serio.

Al llegar a casa después de su funeral, mi padre, quien desde hacía varios años no me preguntaba realmente cómo me sentía, me sentó en la sala, preparó café —y eso que él no toma café— por lo que me pareció que la cosa iba en serio. Y me preguntó si yo alguna vez había tenido este tipo de pensamientos en mi vida.

Su pregunta no me asombró, creo que ya era el momento de hablar del cómo me sentía y las veces en las que mis pensamientos me abrumaban tanto que deseaba tan solo por un segundo que se acabaran, que la opción más rápida en ese momento era tomar las pastillas para dormir que mi madre guardaba en su mesa de noche y tomarme dos píldoras sin pensar en más.

Mi cabeza se encontraba observando mis piernas, deseaba hablar del tema, pero las palabras no me salían, pero al recordar lo que había hecho mi primo, supe exactamente que no quería hacerle pasar por ese dolor a mi familia, pero sobre todo, a mí mismo.

Sí. Respondí sin titubear, estuve a punto de hacerlo varias veces en el pasado, las razones las desconozco en este momento, pero lo que no puedo olvidar es que una voz que no parecía ser la mía me perseguía en cada uno de mis pensamientos y me hacía pensar que estaba loco y que no encontraría salida.

Mi padre tampoco se sorprendió, rápidamente me dijo que él también lo había pensado en el pasado, y que sus razones eran que, las cuentas por pagar, la hipoteca, y los problemas en la oficina a veces le caían encima y esa voz también comenzaba a perseguirlo por las noches y que era muy difícil dejar de escucharla. No me dijo nada más, solo sé que comenzamos a llorar juntos y me abrazó para finalizar diciendo:

Todo en esta vida tiene solución, sé que a veces no vemos salida, pero sí la hay, siempre puedes contar con nosotros, somos quienes te dimos la vida y sería una gran tristeza que decidieras hacer algo para hacerte daño, porque al final nos estarás haciendo un gran daño a nosotros también. También me aconsejó que fuera al psicólogo, por lo que también agradecí.

A escondidas ya había visto a dos psicólogos, lo hice porque todos en mi familia decían que solo los que asistían a terapia es porque estaban loco, lo que hizo que la mayoría de nosotros creyéramos que ir a terapia estaba mal.

La primera cita con el psicólogo no me gustó del todo, no me hizo sentir para nada cómodo, y también me diagnosticó una cierta patología que no estaba del todo seguro si era cierto, ya había pasado por mucho como para que también me dijera que lo que tenía era otra cosa, y no digo que tal vez no, pero sus palabras no fueron las más acertadas que se diga. Decidí quedarme con lo bueno de esa sesión, a lo que luego agendé otra cita con una persona que hablaba mi mismo idioma y me hizo sentir que lo que sentía no estaba mal, me devolvió la esperanza y las ganas de seguir viviendo.

Febrero, 14 2017
Amistades y corazones rotos

Han pasado unos días desde que tuve esa conversación con mi padre, y en los días siguientes había estado pensando sobre la muerte de mi mejor amigo del colegio, quien murió a causa de un corazón roto, y lo digo literal, unos malhechores le clavaron un cuchillo en el pecho; resultado: muerte súbita.

Es difícil cuando suceden este tipo de cosas y te preguntas ¿por qué? Por qué a las buenas personas le suceden cosas malas, muchos se preguntarán ¿por qué escribo cosas tan tristes en mi blog oculto en Tumblr?

La respuesta es que, no siempre es así, tal vez el día se encuentre soleado, pero cuando cae la oscuridad, nos sumergimos en el dolor y el recuerdo, la impotencia de no haber podido hacer nada para salvarlo, ni siquiera poder decirle una sola palabra.

A veces no hay segundas oportunidades, a veces no hay después, a veces es ahora o nunca, lo que me hace pensar que a veces olvidamos decirle a las personas que quieren lo que sienten por ellas, deberíamos decírselos siempre, porque un día no lo podrán hacer.

Es por eso que le escribo, desde el primer día que lo conocí, porque quiero que su recuerdo permanezca, porque quiero que conozcan su historia.

Cuando lo conocí en los pasillos del colegio, pasaba por mi lado sin siquiera notar mi existencia, llevaba siempre unos audífonos en lo que solamente podía escuchar el ritmo del reguetón, tal vez Daddy Yankee, tal vez Jowel y Randy, no sé muy bien sobre esos estilos porque no eran lo que normalmente yo escuchaba, la mayoría del tiempo yo estaba con mi libreta garabateando palabras o frases que se me ocurrían sobre la vida. Su perfume era muy característico, y su sentido de la moda era uno de los mejores de mi salón —a mi parecer— estaba muy enfocado en terminar la carrera que estábamos cursando, y también era muy bueno con las chicas, tanto, que a veces me hubiese gustado que me explicara más sobre el tema.

Yo siempre lo observaba desde lejos, nunca pensé que nuestros caminos se cruzarían, no fue sino hasta la clase del profesor Julian quien nos colocó a hacer un taller juntos, también se unieron dos chicas más, Lilith y Kat, quienes eran las personas más aplicadas de la clase, pero quien se esforzaba mucho más era Kat. Ninguno de los cuatro habíamos cruzado mayor palabra desde entonces, cada quien estaba enfocado en sus vidas que no había cabida para nada más. En este taller nos conocimos un poco sobre la vida de cada uno.

Lilith y Kat eran asistentes de dos empresarios quienes tenían el control de varios Centros Comerciales famosos en la ciudad, y Joe, trabajaba en una tienda de Snack la cual era una mediana empresa distribuidora de los mismos. Y yo, trabajaba en una cadena de comida rápida cerca de instituto, ya que se amoldaba a mis horarios, no era el mejor trabajo, sobre todo cuando eran las doce del mediodía y la fila de las personas que querían hamburguesas era interminable. Lo que hacía que al llegar a clases tuviera un olor a carne cruda, lo que tiempo después tal vez me hizo decidirme por no consumir carne, ya que con solo olerlo me causaba nauseas.

Joe siempre estaba en modo serio en las clases, Lilith tenía también una hija y Kath tenía una relación tóxica con un novio que casi siempre la dejaba plantada a la hora de salir de clases, las cuales terminaban aproximadamente a las nueve de la noche. Tal vez pasar tanto tiempo con esas tres personas era más emocionante que la carrera que estábamos cursando, nos convertimos en los cuatro mosqueteros, los que comenzamos a tener aventuras y vivencias que no se borrarían por el resto de nuestras vidas. Juramos un día graduarnos juntos, pero nada de eso se hizo realidad.

Camila, un cuento para niños emigrantes

Andreína Ledesma es licenciada en educación preescolar y autora del libro Camila, por fin me sentí en casa. A través de la historia de una pequeña emigrante se busca ayudar a todos los niños venezolanos que han partido a otros países a adaptarse mejor

Camila, un cuento para niños emigrantes

Camila tiene un vestido rosado, cabello liso que adorna con un cintillo y una mezcla entre miedo y emoción que no sabe cómo manejar. Camila representa a los cientos de miles de niños venezolanos que han emigrado, cambiando el único mundo que conocían a sus pocos años por otro desconocido.

Desde su trinchera como maestra licenciada de preescolar, Andreína Ledesma ha conocido de cerca la historia de varios de estos pequeños emigrantes. Y, con un pedacito de cada uno, construyó el personaje y escribió el cuento Camila, por fin me sentí en casa.

Andreína Ledesma es maestra de preescolar y autora del cuento

Con esta historia, Andreína (y Camila) tratan de orientar a los niños emigrantes sobre lo que van a encontrar o, si ya marcharon, a ayudarlos a adaptarse a los modos y costumbres, a la nueva manera de vivir en otro país, sin perder su identidad como venezolanos.

Suele pensarse que los niños «se adaptan rápido» o que «no se dan cuenta». No es así. Los chicos perciben mucho más de lo que algunos adultos creen. Y a veces les cuesta adaptarse. Dejan a mucha gente querida atrás, dejan su pequeño mundo, el único que conocían. Cambia el idioma, o los modismos. Pasan a ser el que habla distinto, el que tiene acento. En la escuela hay mucho que aprender. También las normas de convivencia tácita varían de un lugar a otro.

Camila, por fin me sentí en casa engloba todo esto. El cuento fue escrito por Andreína Ledesma, ilustrado por Criss Braund y editado por Casa Editorial PanHouse.

«El cuento surge de la necesidad de brindar ayuda emocional a todas esas familias que deciden aventurarse en la búsqueda de nuevas oportunidades, afrontando los cambios que eso conlleva. La historia está basada en la realidad de muchos niños que se ven obligados a abandonar su país sin entender mucho el por qué, llevando consigo, a veces, solo un juguete».

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Camila y su papá

La historia se centra en Camila, una pequeña que viaja a un país desconocido a reencontrarse con su padre, que partió un tiempo antes. Una vez allí se enfrenta a diversas situaciones que le hacen extrañar su antigua vida pero, a medida que se avanza en la lectura, se descubre que la niña aprende a desarrollar nexos positivos con su nueva sociedad.

Entre los conflictos que se narran está el sabor de comidas desconocidas, su nuevo cuarto y, lo más atemorizante para la chiquilla: su nuevo colegio.

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En esos primeros días en el colegio, Camila extraña a su antigua maestra y a sus amigos de siempre. También se enfrenta al cambio de idioma o de acento de quienes la rodean.

El momento más difícil es cuando es invitada a pasar al frente del salón para presentarse ante sus compañeros. Es un momento lleno de miedo y nostalgia pero vence su timidez y comienza a contar, de una manera muy conmovedora,  lo bonito de su país.

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Luego de contar las anécdotas que la definen y reflejan su herencia cultural, la pequeña logra calmar su angustia y sentirse más aliviada al aferrarse a su identidad.

El cuento culmina cuando Camila convierte lo que ella consideraba su debilidad, que es venir de otro país, en una fortaleza. Logra adaptarse a su nuevo grupo de amigos, comparte su cultura y ve el lado positivo de su nueva realidad.

Es la historia con final feliz que todos los niños emigrantes deberían experimentar, y el cuento ayuda a ello.

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Un libro universal

Dice Andreína que su cuento busca servir de ayuda para entender el duelo que sienten los niños al partir de su tierra.

«Mucho se escribe sobre las dificultades que enfrentan los adultos al emigrar, y cómo la inteligencia migratoria brinda estrategias emocionales para superar el cambio. Se da por sentado que los niños se adaptan más rápidamente, pero ellos también sufren. Esto, muchas veces, pasa desapercibidos para los padres. Camila nos muestra ese miedo infantil a lo desconocido y cómo, a través de la resiliencia, se supera y se logra ver el lado positivo», dice Andreína.

camila

Emigrar es un proceso que, si bien es dirigido por algún miembro de la familia, afecta a todos los que la conforman. Enfrentarlo juntos los ayudará a crecer como personas, y en el caso de los niños, los hará más fuertes para poder enfrentar el nuevo mundo que los rodea. Es un libro que debería ir dentro del morral de cada niño que emigra o en la estantería de los juguetes de los que ya se fueron.

Coordenadas

Para adquirir el cuento se puede contactar a:

Andreína Ledesma. Instagram @andre_cuentauncuento 

Casa Editorial Panhouse. Instagram @lapanhouse

Amazon. Se puede comprar directamente a un precio de 16.99 dólares por ejemplar, en este link.

Imágenes: Daniel Hernández

Reportaje escrito por: Giuliana Chiappe

Sobre las puertas que se abren y otras que se cierran para siempre

Diario creativo 23 de octubre, 12:25 am.

Sobre las puertas que se abren y otras que cuando las cierras sabes que será para siempre:

He presionado el botón de “automático” y lo he cambiado por el modo “manual” para ser mucho más consciente de lo que está ocurriendo actualmente en mi vida.

Es extraño vivir despierto, y no hablo solo de despertarte cuando la alarma de tu teléfono suena para indicarte que es un nuevo día, hablo de esas veces en las que cada vez que realizas una acción te das cuenta que será la última vez de ese momento.

Será la ultima vez que escriba estas palabras,
será la última vez que te extrañe como hoy,
será la última vez que piense en todo lo que fuimos y que ya no seremos,
o la última vez en la que cerré la puerta de mi zona de confort y me lancé a lo desconocido.

Hay puertas que cuando se cierran, tienes la certeza de que será la última vez que verás la sala llena de adornos de momentos que fueron coleccionando los años.

O saber que es la última vez que verás el balcón lleno de los cactus que viste crecer.

Hay puertas que se cierran con la certeza de que, ya no habrá una mesa llena de comida ni nadie te esperará a la hora del almuerzo.

La puerta de la cocina se ha cerrado, indicando que no volveremos a compartir un café mientras esperas ansioso con su aroma.

O la puerta de una habitación que compartieron dos y que ahora uno de ellos se siente hecho pedazos.

Hay puertas que se cierran para decirte que ya no eres bienvenido al lugar donde sentiste un hogar.

Y queda el agradecimiento y la nostalgia de que, aunque ahora se encuentran bajo llave, quedarán repletos de memorias.

Es difícil cerrar la puerta por última vez sabiendo que no debes mirar atrás, pero es satisfactorio saber que más adelante se encuentra una vida sin límites, sin paredes, con todas las Estrellas a tu alcance.

Y sabes que tú brillas como una de ellas.

Siempre gracias ✨

Mi cuenta personal en instagram extratechris

De momento

De momento pierdo el rumbo, vuelo sin brújula, sintiéndome el dueño del mundo y olvido que es solo un grano de arena y que detrás existe un gran universo.

De momento me derrumbo, y siento el peso de mil montañas encima de mis hombros, y me entumezco, me canso y caigo al suelo, a veces sin ganas de quererme levantar.

De momentos lloro, y me río al mismo tiempo, porque sé que todo es mentira, al mismo tiempo debo sentirlo real, y aunque sé que mañana estaré bien, me permito llorar en posición fetal, abrazando mi peluche de la infancia.

De momentos no reconozco a la persona que se encuentra frente al espejo, y aunque hay días que me odio, hay otros días buenos en los que me siento una estella del Pop, modelo, canto y hago mil videoclips en mi mente y sonrío y vuelvo a pensar en lo loco que fue eso.

De momentos te extraño, y me extraño extrañándote, y sonrío y guardo todo en una gaveta y prometo no volver a sacar las cosas del pasado.

De momento te beso y siento que lo eres todo, aunque tal vez seas alguien más del montón, solo que ahora estás a mi lado y tienes toda mi atención, y no eres para nada especial, pero me gusta cuando te hago sentir de esa manera, y pienso que no eres tú; pero ¿a quién engaño? Tampoco soy yo, y tal vez no lo sea nadie, que fin de cuentas, todo esto es un guion y un día se bajará el telón, pero no habrán más aplausos.

ChrissBraund

El dilema del erizo

El dilema del Erizo
por el filósofo Arthur Shopenhauer

El dilema del erizo

Las personas que comenten esta entrada, podrán ganar una ilustración personalizada.
Sólo debes comentar qué opinas de este dilema y si te ha pasado en la vida.
¿Qué prefieres? ¿Soportar el dolor o morir solitario?
Díganle a sus amigos que ingresen y participen, porque, la persona que gane podrá elegir a otra para que también se gane una.
Serían dos ilustraciones 😀

¡¡Los leo!!

La obra maestra de July

Después de terminar su obra de arte, July tomó unas hojas en blanco y comenzó a escribir lo que representaba la obra para ella. Los papeles abarrotaban el suelo, observaba una y otra vez la obra, pero su inspiración no quería fluir. Entonces, fue cuando en voz alta comenzó a
recitar:

–Había una vez…

De pronto escucha una voz muy fuerte, casi un grito de reclamo que la interrumpe diciendo:
—¿De verdad? ¿Comenzarás a narrar tu mejor obra de arte con “había una vez…”? – Se trataba de Gigi, su compañera de cuarto que se encontraba en el primer piso del apartamento que compartían.

—Affff no se me ocurre nada– replicó July ya cansada, arrugando nuevamente la hoja con lo que acababa de escribir, para luego arrojarla a la papelera repleta de intentos fallidos.

— A ver, tampoco es para tanto. Yo te voy a ayudar – respondió Gigi mientras subía al segundo piso y entrando en la habitación comenzó a decir:

«Todo comenzó en una noche de sexo alocado 
yo estaba embriagada con un montón de chocolates baratos y el con un licor, que ni el nombre se decir. Me encontraba con el chico más introvertido de aquella noche en el bar; sin imaginar que sería el más caliente que habría podido seleccionar. Cada uno de los rincones de mi abandonado apartamento fueron cómplices del encuentro casual.»

Una vez terminada la recomendación de Gigi soltó una carcajada, que asesinaba vilmente la imaginación de July, quien trataba de ponerle letras al cuadro que recién acababa de pintar.

En el retrato aparecía un cielo que se negaba a oscurecer mientras los rayos del sol lo iluminaban en un atardecer. De fondo se encontraban varios objetos, todas rodeando una silueta que formaba sutilmente un abstracto corazón y retrataba el cuerpo de una mujer abrazada con dos manos masculinas en medio de unas aparentes alas angelicales. Alrededor de esta silueta se encontraba la Torre Eiffel y en otra esquina la Estatua de la Libertad. A
lo lejos se podía ver el Cristo Redentor de Brasil y una cascada imponente que reflejaba el Santo Ángel venezolano. Muchos colores daban paso a que las imágenes formaran una orquesta visual, todo esto
estaba rodeado de una luz que parecía celestial.

July se había convertido una artista reconocida porque sus cuadros tocaban las almas y en ocasiones, hacía llorar a quienes apreciaban sus obras. El texto que intentaba escribir lo necesitaba para poder exponer su obra en la galería de arte y que de esta forma muchas personas se sintieran identificadas, al conocer qué fue lo que le inspiró realizar aquella pintura.
July también rió, y mientras le lanzaba pintura a su compañera exclamó:

– Ahora entiendo por qué la vida te ha puesto como mi amiga, me ayudas a despejar mi mente. ¿Sabes algo? Me has dado una muy buena idea, ¿Por qué no se me había ocurrido antes? Ya sé lo que haré, voy a escribir una poesía, hace tiempo que no me dedico un tiempo para expresar como me siento con palabras.

July tomó otra de las hojas en blanco y se dispuso a escribir la gran idea que se le había ocurrido. Pero, sin darse cuenta, Gigi la interrumpió, quitándole la última hoja que había tomado y colocando su mano en el escritorio. July quedó sin entender qué había pasado, luego observó a Gigi sin saber qué decir.

Gigi se excusó diciendo:

—July… el mundo siempre escribe poesía, que si el amor, que si el desamor, que si el corazón roto, etc… 
¡Ya estuvo! 
es un cuadro, 
es arte, 
¿para qué arruinarlo con letras?
¿Por qué limitarlo?
Permite que las personas lo vean, lo sientan. Que cada quien lo interprete a su manera.
Explicar el arte, es como explicar el amor, pierde el sentido.

July quedó atónita escuchando las palabras de Gigi. En el fondo sabía que tenía razón.

—Ven, mejor vamos a salir de esta pocilga. Vamos por cigarros, dejemos que nuestras neuronas respiren un rato algo contaminado— Tomó a July, se colocaron ambas un suéter y salieron a caminar.

Gigi encendió un cigarro, decía que fumar le enseñó
la técnica de inhalar y exhalar para relajar, fumaba una cajetilla de cigarros diaria, no le gustaban las meditaciones, decía que caminar y fumar la ayudaba con su ansiedad. Hace un tiempo practicó yoga, pero se enamoró de su profesor y éste le había roto el corazón. El profesor nunca le prestó a atención, o bueno, no la que ella deseaba.

Los corazones rotos son el resultado de almas que amaron profundamente a otros, pero no se amaron lo suficiente a sí mismos.

Cuatro cigarros después…

Después de ir a la tienda a comprar cigarros y chocolates, Gigi se fumó tres, con la misma velocidad que un leopardo detrás de una gacela, July comió tres chocolates para saciar su ansiedad. Sabía por qué Gigi hablaba de la manera que lo hacía, y agradecía que la hubiese sacado de sus cuatro paredes, que a veces parecían un laberinto sin salida.

De regreso a casa Gigi se lanzó en el viejo sofá de la sala, ya estaba ahí incluso años antes que ellas se mudaran. Y July subió al segundo piso donde tenía su obra de arte esperándola.

De frente al cuadro, July observó nuevamente la obra y comenzó a hablarle, casi susurrándole:

–Bueno… ahora sí me siento preparada para escribir. 
Cerró sus ojos y comenzó a escuchar lo que el cuadro le decía.

¿Cómo deseas que le cuente a todos sobre ti? 
¿Qué quieres decirme?
Sentada justo frente al cuadro, tomó una de las hojas nuevas que sacó del estante y comenzó a escribir.
Al terminar, miró el reloj y se percató que ya eran más de las tres de la madrugada. Dejó todo como estaba y
se durmió en el mismo sofá donde yacía Gigi.

A la mañana siguiente July comenzó a realizar los preparativos para la presentación. Gigi la ayudó en todo. July se sentía más confiada, más serena, más calmada.
Llegó el momento de la presentación y a July le tocaba su turno frente al público, el lugar estaba repleto, todos tenían sus mejores trajes, casi góticos, excéntricos y personas interesadas por el arte. Gigi se
encontraba al fondo del salón, ya había ido a fumar varias veces esa misma noche, su cuota de una cajetilla de cigarrillos había pasado al límite. El presentador anunció a July, ésta subió al podio, lucía un
vestido negro hermoso, era escarchado, con un gran escote y sus labios eran rojos, casi color sangre, su peinado era perfecto, y el maquillaje
había sido idea de Gigi. Tomó el micrófono y justo antes de comenzar, la cortina de su obra fue retirada.

Un gran WOWWW se escuchó en medio del salón y mientras todos estaban observando la obra July comenzó su escrito diciendo: 

¿Cómo es posible que exista un cielo sin estrellas?
De seguro es por tus ojos tristes,
desde que creíste que te habían roto el corazón,
perdieron el brillo y ya el cielo no lo refleja.
Por ti existen las estrellas.
Ellas son reflejo de tus ojos, 
dos luceros que intimidan a la oscuridad. 
Y ahora, por ti la noche se rehúsa a nacer 
en medio del atardecer,
ya no miras el cielo,
tu mirada siempre esta hacia abajo
derramando torrentes de dolor
como la cascada del Santo Ángel.
Sí, también comenzaste a creer en los ángeles
cuando el amor tomó con ambas manos tu cuerpo
y te enseño a danzar sin complicación, 
pues ni mirabas el reloj,
dejabas esperando a tus amigas
más de una hora en la estación.
Pero nada de eso importa ya,
sabemos que tus deseos se harán realidad,
el universo siempre se las arregla,
y junta a quienes lo deben estar.
Así que justo frente a la Torre Eiffel se van a encontrar,
no hablo del pasado en el que piensas,
me refiero a aquel que en tiempo presente llega,
él amará tanto como tu viajar,
el Cristo Redentor será una parada,
para luego a New York llegar.»

Se podía escuchar un llanto de fondo en el salón, se trataba de Gigi. Cada palabra, cada rima le tocó el corazón. Mientras lloraba una calma la embriagaba. Cada vez dolía menos. Luego ya no dolió.

El jurado eligió el cuadro ganador.
Fue el de July, la famosa artista que con sus cuadros transforma el dolor.

Escrito por Yesica Aguilar @microcuentos.ve

No me dejes olvidarte

No me dejes olvidarte

Por favor, no me dejes olvidarte, no hagas caso a mis palabras, a mi tristeza disfrazada de olvido, a mis sonrisas después de ti, a mi voz no quebrantada luego de oírte, por favor, no lo hagas, no me dejes olvidarte.

Quiero conservar los buenos recuerdos, los que no duelen, tu mano en mi mano, el calor de tu cuerpo, tus caricias, el café por las mañanas, las charlas hasta la madrugada, las risas mientras nos mirábamos a los ojos, tu espalda y mi espalda liberando mil batallas.

No me dejes olvidarte, no quiero que esta tristeza que de vez en cuando siento haga que un día quiera arrancarte de mí por completo, y ya no sepa como regresar a ti. Sé que ya no somos, ni seremos, pero quiero guardar de alguna manera el sonido de tu voz en mi memoria, en un cassette, un disquete, un cd, un usb, un vinilo… no lo sé, pero quiero que sea algo tangible, que me recuerde que existes y que estás lejos de mi daño y de todos esos verbos que hablan de dejarte ir, de olvidarte.

Haré un compilado de música que guarde todas aquellas canciones que escuchaba mientras me enamoraba de ti, de esas que nos hacían cosquillas en los huesos y nido en las tripas. No quiero sembrar odio y convertirme en esa clase de chica que nunca quise ser, de esas que hablan mal de las personas que alguna vez amaron, de las alas que alguna vez la salvaron de la muerte.

No quiero sentir como desapareces, como te desvaneces día a día entre mis recuerdos y mi rutina, no quiero enmudecer lo que hiciste en mí, la persona en la que me convertiste, hubiera deseado que te quedaras, que lo nuestro nunca hubiera terminado, así no hablaría como una loca dos por tres con tus fantasmas.

Por favor, no doblegues mi alma al desprecio, a mirar tus fotos con rabia e impotencia, a ver tu persona con desdén y decepción, por favor, no lo hagas, no permitas que te olvide, que olvide los fuimos y el sonido de nuestras risas juntas.

No me dejes olvidarte, no desaparezcas por completo de las esquinas de mi casa, de la oscuridad por la noche, de mis inviernos y veranos, de las noches estrelladas, de las tardes en la que lloro por alguna razón, por favor, al menos, no te vayas de aquí, que es el único lugar en el que te puedo tener.

Escrito por Jessica González

Y tú y yo ¿qué somos?

Y tú y yo ¿qué somos?

Ilustración de amanda, viendo hacia el frente invitándote a leer "y tú y yo ¿qué somos?"

Mi nombre Amanda y estoy viviendo la historia de amor que cualquiera quisiera tener. Scott es el chico ideal, nos conocimos en la Universidad y puedo decir que me enamoró de una manera inexplicable desde la primera vez que lo vi, salimos por dos meses, hasta que llegó el momento en el que me pidió que fuese su novia, no dudé en decir que ¡sí! siempre estuve segura que quería estar con él, cada momento juntos se convertían en los mejores de mi vida.

Seguimos sumando momentos, los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses y hoy tenemos una cita para celebrar nuestro primer aniversario.
Desde temprano comienzo a buscar mi ropa, pienso en el peinado que me haré, la pintura de labios que usaré, y el perfume que me pondré, para él. Si tan solo vieran la sonrisa que tengo marcada mientras escribo todo esto.
En cada cita me coloco tan nerviosa como si fuera la primera, mientras bailo alrededor de mi habitación para drenar mi alegría llega un mensaje de Scott.

Mensaje nuevo…

Scott: Amanda, aunque un día como hoy todo comenzó y fue hermoso, me gustaría hablar de algo muy importante contigo.

Mi corazón está acelerado y esta vez no es de felicidad, la sonrisa que tenía hace algunos momentos se fue desvaneciendo poco a poco. Apago la música y releo el mensaje una y otra vez. No sé si gritar, llorar o salir corriendo hasta su casa para saber de qué se trata, trato de calmarme y le respondo el mensaje:

Amanda: ¿Está todo bien? Ya quiero saber de qué se trata, espero que no sea nada malo, te quiero mucho Scott…

Amanda acostada en la cama leyendo el mensaje de Scott

Luego de enviar el mensaje ya no sé si colocarme la ropa que escogí, solo quiero saber de qué quiere hablar Scott conmigo. Mientras sigo pensando en mi cuarto, escucho a mi mamá gritar mi nombre, salgo corriendo, mi mamá se ha caído por las escaleras, puedo ver como está tendida en el suelo intentando levantarse. Rápidamente y con muchos nervios intento hacer que no se mueva, mientras llamo urgente al 911. Su nariz está sangrando y pude notar que su brazo no está de la forma en la que debería estar. La ambulancia llegó quince minutos después, salimos tan rápido de la casa que olvido traer el celular, mientras vamos en la ambulancia, solo puedo mirar fijamente a mi madre, mientras le repito:
todo estará bien.
Ya en el hospital esperando que me den información sobre mi madre, recuerdo la cita que tenía en pocos minutos como Scott, quisiera que estuviera conmigo en estos momentos, pero no tengo manera de llamarlo. Intento encontrar a alguien que me ayude en esa fría sala, pero se me imposibilita. Nadie sale para darme noticias de mi mamá.

Ha pasado alrededor de una hora y media, He caminado dando vueltas en el pasillo tantas veces, que creo que ya estoy a punto de abrir un hueco en el piso. El reloj pareciera que se dispuso a andar más lento, los segundos parecen horas, esto realmente es una tortura. Por otro lado, Scott ya debió haber llegado a nuestro lugar de encuentro, tal vez pensó que no quise asistir a la cita a propósito, o que estoy tan preocupada por lo que me dijo antes que tal vez piense que apagué mi celular.
Solo espero que me entienda. Cuando el doctor por fin aparece, me informa sobre el estado de mi mamá, me dice que fue una caída media, su brazo se dobló, no tuvo fractura, sin embargo debe usar un yeso para inmovilizarlo, también algunos moretones por la caída de los escalones, pero nada grave. Esperamos unos minutos más y le dan el alta, ya podemos ir a casa.
Al llegar, acomodo a mi madre en su cama, le recetaron algunos calmantes para el dolor, lo que le causan sueño y fatiga, le busco agua para que se tome su medicamento y espero que se duerma tranquila. Le doy un beso en la frente y le digo que por favor tenga un poco más de cuidado cuando baje por esa escalera, hace tiempo que amenazaban con que alguna de las dos se cayera, debido a que los escalones están un poco desgastados. Apago su lámpara y me dirijo a mi habitación.


Lo primero que hago el tomar mi teléfono, tenía diez mensajes de Scott y cinco llamadas perdidas. Llamo a Scott para informarle lo que había sucedido, estoy algo impaciente porque no me responde, después de morderme las uñas esperando que aparezca o que me responda de alguna manera.
Por fin me atiende. Su voz suena un poco triste, y yo casi no lo dejé hablar dándole todas las explicaciones del embarque de nuestra cita de aniversario. Me dice que lamenta mucho lo ocurrido, que se había preocupado por mí, pero que ya mañana nos podemos ver y así hablar de «algunas cosas». 
Al colgar, la cabeza no para de darme vueltas. ¿Me va a terminar?

Me tumbo en la cama, apoyando mi cabeza de la almohada y comienzo a mirar el techo y pensar en qué es lo que me tiene que decir, me siento preocupada aunque no he hecho nada malo, luego de un rato de pensar y pensar, vigilo a mi madre para convencerme que se encuentre bien, y mientras la abrazo, me sumí en un sueño profundo entre su abdomen.

Me despierto muy temprano por las quejas de mi madre y me doy cuenta que ya ha salido el sol y que dormimos juntas, hace algún tiempo que esto no pasaba. Puedo notar que estuvo un tiempo viéndome dormir. Me limpio los ojos y le doy un beso en la frente. Bajo a hace algo de desayuno, con cuidado de no caer por las escaleras, escucho como crujen mientras voy pisando cada escalón.

Luego de hacer el desayuno, comienzo a arreglarme, mi madre me dice que se siente mejor, y que no es necesario que me quede en casa, que saliera a distraerme y a hacer mis cosas. Es por eso que salgo a ver a Scott, esta vez no tardé tanto tiempo eligiendo la ropa, ni el labial, ni el perfume.
Ya sentada en nuestro café de siempre, me toca esperarlo un poco porque no ha llegado aún. A lo lejos puedo ver que viene, siempre bien peinado, con la franela que hace algunos meses le obsequié, lo noto distraído, triste, extraño. Puedo observar que trae sus manos vacías y ayer fue nuestro aniversario. Yo le traje un detalle, estuve meses ahorrando por comprarle su juego favorito de PlayStation.
Él llega y se sienta sin darme ni un beso, ni un abrazo, ni nada, mis ojos lo ven y no puedo evitar que se acumulen lágrimas. Mis manos comienzan a sudar y entro en preocupación y desespero, esto no había pasado antes. ¿Por qué está tan distante?

—Hola Amanda, ¿Como estas? ¿Como sigue tú mamá?

Con la voz un poco quebrantada logro responderle

—Estoy bien, y mi madre recuperándose, pero todo bien. ¿Y tú estás bien? Te noto extraño…

—Te dije que quería hablar contigo…

—He tenido unos días muy duros para mí, sé todo lo que hemos pasado y lo excelente persona que eres. Después de pensarlo mucho y hablarlo con par de amigos, creo que lo mejor es que no sigamos, sé que te debe sorprender, no puedo seguir contigo, ya no siento lo mismo, no sé si deba pedir disculpas pero no puedo continuar, te veo más como una amiga, quisiera que me aceptaras como tú amigo. Tal vez no sea fácil para ti pero te dejaré para que lo pienses.
—Acomodó la silla donde estaba sentado y se fue.

Aún no puedo asimilar la situación estoy sentada tratando de entender lo que me acaba de decir. Quedo muda, mientras intento recapitular todo lo que acaba de pasar. Scott vino, me terminó y se marchó sin dejarme decir nada, simplemente se fue. Me quedo en el café por unos cuántos minutos más, con mi rostros lleno de lágrimas, no puedo evitar ver como las personas se dan cuenta de todo lo que pasó, mientras me miran con lástima y pena. Tomo lo poco que me queda de dignidad y voy al baño. Me lavo la cara, pago la cuenta de mi café y tomo el primer taxi con dirección a ninguna parte.

Luego de dar varias vueltas con el taxista, le pido que por favor me lleve a mi casa, le doy la dirección y comenzamos a viajar hacia mi refugio. El señor no paraba de verme por el retrovisor, poco a poco me dice si está todo bien, su voz era de preocupación, era un señor muy mayor, no se veía mala persona. Le respondo un poco como una gran idiota. Se limita a decirme algo más. Al llegar a casa me dice que todo tiene solución, que sea lo que sea por lo que estoy pasando lo voy a superar. A lo que le respondo muy mal y le lanzo la puerta del taxi.

Al llegar a casa rápidamente me dirijo hacia mi habitación, cierro la puerta con candado y comienzo a llorar como una tonta. Comienzo a ver nuestra galería de fotos juntos, nuestros planes a futuro, nuestros lugares favoritos, y un montón de recuerdos que ahora se han vuelto eso, recuerdos. Intento calmarme y asimilar la situación.

Me quedo dormida un rato y al despertar tengo un mensaje de Scott

Mensaje nuevo…

Scott: Espero que te encuentres bien, mi intención no es lastimarte, quisiera seguir en contacto contigo que seas mi confidente, me encanta tú forma de ser. Y no quiero perderte, pero que ahora nuestra relación sea de amigos, ¿Aceptas?

Quisiera negarme y decirle que es mejor alejarnos. Pero no puedo, quiero tenerlo cerca así sea como amigos. Tal vez esta sea la oportunidad para estar cerca y así podrá darse cuenta que fue un error haber terminado así conmigo. Y quien sabe, algún día me vuelva a pedir que sea su novia.
Espero un tiempo y le respondo.

Amanda: Jamás me imaginé que pasaría todo esto y mucho menos quedar como amigos, no te lo voy a negar, sí me afecta tú decisión, pero la aceptaré y seguiremos hablando. te quiero, amigo.

A pesar de que ese mensaje no me lo creo ni un poquito, no quisiera arruinarlo todo y cerrar todas las ventanas, por eso acepto ser su amiga, solo me toca asimilarlo, trataré de enfocarme en la Universidad y ayudar a mi mamá.

Han pasado varios días desde la ruptura con Scott, quien me escribe muy a menudo, pero ya saben, como amigos, me cuenta sobre su día, sobre sus ideas, sobre su visión del mundo y yo no paro de imaginar vivir un mundo solo con él. A veces me lo encuentro en la Universidad y hablamos y aunque no le demuestro nada por dentro me sigue doliendo mucho esto de ser amigos, duele tenerlo siempre ahí contándome todo lo que quiere lograr y que en esos planes no esté yo incluida. No sé si algún día sabrá todo esto y entenderá lo difícil que es tenerlo cerca de amigos cuando yo solo quiero que sigamos siendo la pareja ideal.

Estar con la mente ocupada me ha ayudado un poco para no pensar tanto en el tema, los parciales en la universidad han ocupado la mayor parte de mis pensamientos, también he aceptado algunas salidas con mis amigas para distraerme según ellas aunque a cada momento les hablo de él y me dicen que debo olvidarlo, pero yo, me niego a aceptarlo.

Llegando a casa después de salir con mis amigas puedo ver que tengo un mensaje de Scott.

Mensaje nuevo…

Scott: necesito verte!          3:43 am

Ahora no sé que pensar, ni qué responder, no quiero ilusionarme de nuevo, pero son casi las cuatro de la mañana y el alcohol está por todo mi cuerpo, y comienzan a atacarme los recuerdos. Le respondo que está bien, mañana después de salir de la Universidad nos veremos. Es imposible que no vuelva a tener una sonrisa en mi rostro.
Quisiera seguir chateando con Scott pero el cuarto por alguna razón comienza a dar vueltas y no sé en qué momento me quedé dormida.

A la mañana siguiente, aún tengo un poco de resaca por la salida de anoche. Las clases se han vuelto muy lentas y aburridas, solo espero la hora de la salida para verme con Scott.
Salgo y me está esperando con su chaqueta de chico rebelde, terminando de fumar un cigarro que luego tira al suelo. Me toma de la mano y comenzamos a caminar por los espacios verdes de la Universidad, como en los viejos tiempo. Yo me encuentro un poco sorprendida porque me dijo que me quería como amiga ¿y ahora hace esto? Intento actuar normal y no digo nada, paseamos, comemos helado como si no hubiera pasado nada, disfrutamos de un maravilloso día y aquí es donde comienzo a ver nuevamente nuestro futuro juntos, de nuevo, como siempre debió ser. Creo que es imposible no llegar a casa con una enorme sonrisa. Se despide de mí con un beso apasionado en los labios que le respondo sin pensarlo dos veces, puedo sentir cómo nuestros labios bailan la más dulce de las melodías, me ve a los ojos y se despide de mí con una sonrisa. Su aroma queda impregnado en mi piel por unos cuantos minutos, hoy tal vez no me quite esta ropa, con tal de que permanezca su aroma por un rato más. Me deja en mi casa y yo quedo con una tonta sonrisa en el rostros, mientras él acelera en su auto y desaparece entre las avenidas de mi calle. Al subir a mi cuarto, mi mamá puede notar que estoy más animada y ella se ve mucho mejor, sus moretones han desaparecido. De pronto, suena mi teléfono.

Nuevo mensaje…

Scott: Te adoro amiga. :3

¿De verdad? Aquí voy de nuevo, la sonrisa que había tenido todo el día desaparece de mi rostro, no entiendo nada, estoy confundida. Yo lo amo y él me ilusiona de esta manera, la verdad no entiendo nada, no sé que quiere, esto me molesta muchísimo, así que decido no responderle el mensaje.

A las tres de la mañana ya he dado muchas vueltas en la cama intentando conciliar el sueño, y no puedo dejar de pensar en lo que pasó hoy, necesito desahogarme así que decido responderle el mensaje

Mensaje para: Scott

No sé si sea correcto enviarte un mensaje o no, aunque tal vez deba ser fuerte de una vez por todas y hablarte de frente. Te confieso que te echo de menos, como novio, todo ha cambiado desde que ya no estás aquí, ¿A dónde van las promesas que quedaron sin cumplir? La verdad quisiera no extrañarte más, no amarte más. Quisiera saber ¿a dónde fue todo ese amor que me decías tener? Me siento confundida, usada y herida, y todo es mi culpa, claro, porque yo acepté ser «tu amiga» pero luego llegas, me escribes a las tres de la madrugada, me citas, paseamos como si nada, me besas y luego al final del día me sigues diciendo «amiga» creo que no es justo para mí, y necesito que tengas los pantalones y me digas y tú y yo ¿qué somos?

Scott: Escribiendo…

Fin.

Escrito por: Yorgelis Linares
Editado por : ChrissBraund
Ilustrado por: ChrissBraund.

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El Club de las Chicas Tristes

El Club de las Chicas Tristes

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Es una chica en llamas,
arde desde los cimientos,
lleva enredados en su pelo los precipicios en los que ha caído
y se ha enamorado como una idiota.
 
Pisa fuerte el acelerador
cuando ve que está a punto de estrellarse
con una boca que la invita a una noche
de copas y besos a media luna.
 
No hay más mundo que el que arde en sus ojos.
En invierno se pone triste al ver la fotografía donde abraza a su padre
y su madre le dice que deje ir lo que hace tiempo dejó de cantarle una canción de cuna.
 
No olvida la traición,
la puñalada,
el empujón al abismo;
aprendió a no confiar en nadie,
por eso se convirtió en piedra,
una piedra que ni quema
ni congela,
pero que cuando menos te lo esperas,
llega a una temperatura tan alta
o tan baja
que ni siquiera el infierno
ni el mismo paraíso se llega a comparar con tal intensidad.
 
Es la chica de las fuertes intensidades:
ama,
ríe,
besa,
llora,
folla,
abraza.
FUERTE.
Tan fuerte que llega a tal punto de romperse.
De consumirse.
 
Sueña con algún día dormirse en un hombro,
mientras mira en retrospectiva
y se da cuenta de que nadie supo esperarla,
que nadie permaneció,
que nadie dejó ir trenes por si ella llegaba,
que todos se fueron tras conocer su invierno.
 
Es pájaro por las mañanas
y cuervo por las noches.
Te lleva a tocar las nubes
-a jugar con ellas-
y te enseña a mirar con sus ojos,
porque los tuyos ya te los ha sacado.
 
Pobre de aquel que llegue a enamorarse de una chica como ella,
porque tendrá que renunciar hasta a sí mismo
por no dejar de ser de ella.
 
Pertenece a El Club de Chicas Tristes,
es preciosa,
joder,
tan preciosa que llegué a enamorarme de ella.

 

«Huesos»

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Se quedó a vivir en una fotografía,
es la chica de la que te acuerdas cuando cierras los ojos
y tu planeta parece haberse salido de órbita
y ya no es lo que solía
y tienes que conformarte con ver el cielo de la noche:
apagar las velas
y poner tu canción favorita.
Hundirte en ese naufragio que es la vida
y no saber cómo salir a flote,
sino con uno de sus besos,
caricias
o reproches.

Es tímida como el infierno
pero a veces explota contra todo:
se lleva lo que tenga en frente
y después con su carita triste busca
los pedazos en el suelo,
baila la canción más triste del mundo
y hace de ello un espectáculo del que nunca te olvidarás,
aunque más adelante la vida se encargue de barrer de tu memoria
hasta el último grano de su sonrisa.
Y tengas que andar por las calles
buscando en cada chica esa sonrisa que te cautivó,
que te dañó
y que a la vez te sanó.

Mírala, está en huesos:
se está matando a sí misma,
se siente tan cansada
que no quiere comer
ni beber
ni amar
ni reír.
Sólo se deja arrastrar por el viento
y adonde quiera que la lleve
ahí, según ella, reposará.
Sueña con morir algún día
y provocar una lluvia de estrellas
y que el mundo sepa que existió
y que la cuenten
y que la pidan
y que la deseen
y que no la sigan rompiendo.

No podrás sacarla de tu cabeza,
porque es ese pensamiento de madrugada;
ni tampoco la expulsarás de tu corazón,
porque es ese latido mortal.

 

Ya es hora, aunque no sé de qué.

chicas-tristes

 

De un tiempo para acá he sacado todas las cosas que guardaba en el cajón donde está una buena parte de mi historia, le he soplado el polvo a mi colección de discos favoritos y he limpiado alguna que otra fotografía con mis lágrimas. He suspirado y me he atragantado con el mar de recuerdos, aprecié unas cuantas fotos donde aparecía sonriendo, pero no para la cámara, sino porque en ese preciso momento era feliz, no sabes cuánto, joder, era feliz por encima de todos los que se oponían. Un día alguien me preguntó que qué quería ser de mayor y respondí que mi única aspiración era ser feliz. No necesito ser otra persona, sino aquella que canta hasta que sus cuerdas vocales se lo impiden, quien escribe hasta la madrugada y que sin importar cuán tarde sea, se levanta y se pone a escribir; quien sus rodillas han sido su mejor coraza, porque siempre le mantienen de pie para un paso más en el baile de la vida.

De un tiempo para acá he sacado todas las cosas que guardaba dentro de mí, me han visto jodido por las calles, me han visto con ojeras y con los ojos hinchados, no me han visto reír desde hace mucho. He sacado a la luz todas las mariposas muertas, he vomitado todo lo caducado y me ha entrado vértigo de tantas vueltas que les doy a las cosas,

y a las personas.

A veces me detengo, suspiro hondo y le doy una calada a mi cigarro. Envolviéndome en mi propia mierda. Detenerse para tomar una buena siesta de horas no significa que te has dado por vencido y que ya no tengas nada; significa que es cansado caminar y no detenerse y estar siempre a la defensiva, también significa que estás reponiendo todas las fuerzas que se fueron quedando en el transcurso. Tropiezo, aunque lo hago de distinta forma a los demás, lo hago porque la piedra tal vez necesite un poco de calor, y si no lo sabes, cuando abrazas a una piedra, esta almacena el calor por dentro.

He sacado las cosas de mi pasado, y aunque confieso que a veces odio la idea de tener que recordar porque me pone demasiado triste; por otro lado, me hace bien recordar que todo lo que viví fue real y que esas personas que están ahí, un día estuvieron aquí, a mi lado. Recuerdo sin importar cuál fue su final en mi historia, es cierto, uno escribe la propia, pero a veces es la vida la que te la tacha.

Cuánta distancia hay en una fotografía, cuántos cambios, cuánto tiempo desde entonces.

Loco, nunca cuerdo.
Beso, muerdo y muero, todo a la vez.
Y sin que nadie se dé cuenta de cuán jodido estoy. Lo malo de escribir es que también se nota, sin que te miren a los ojos, cuán jodido estás por dentro.
Mis peores pesadillas son mi mayor inspiración. Me inspira todo lo que me hace daño, me rasguña o me mata.

Ya es hora, aunque no sé de qué. 

 

Autor: Benjamín Griss