Faje en el baño, el diario de Fabio

El día en el trabajo fue fatal, mi jefe, el señor Fumero era una de las personas más intensas que había conocido hasta entonces, me exigía tal vez demasiado, en realidad sólo quería impresionar a sus superiores con la mano de obra barata que tenían por empleados en el restaurante. Un día me dejó friendo carne en todo el servicio. No digo que no fuera mi trabajo, pero, la manera en la que lo hizo fue una locura, el calor, las personas esperando, y todo el mundo gritando en el servicio hacían que deseara por tan solo unos minutos estar lejos de este mundo.

Al finalizar, me dijo que no me cambiaría de estación hasta que no dominara el «arte de asar la carne» cosa que era mentira, pues, ese puesto solo se lo daban a los que a penas estaban comenzando, y yo tenía no más de tres semanas allí. Luego me cambiaron a armar las hamburguesas y meses después a la caja, donde todos se sienten superiores porque son los que tienen trato directo con los consumidores —como si eso fuese algo positivo— lo gracioso de estas franquicias de comida rápida es que mientras más te humillas ante ellos, más te premian. Esa era la razón por la cual Eduardo, mi compañero de cocina se destacaba mucho más que yo. Deseaba tener una especie de estrellas que daban a los empleados del mes, como una especie de reconocimiento donde todos se peleaban por tener el mayor número de pines en la camisa.

Yo, por el contrario no me interesaban esas cosas, pero no era el único, no crean que me siento «especial» porque no me agraden ciertas cosas, había otro chico que pensaba como yo en el restaurante. Le decían «Timón» aunque su nombre verdadero nunca lo supe, estaba enamorado de la novia del gerente. Pero eso fue algo que yo descubrí por accidente y que no me alegro de haberme enterado, la verdad.

Cierto día me tocó limpiar los pisos del restaurante, y no había casi nadie, había terminado el turno mas transcurrido y ahora venía la calma, «el desierto» le llamábamos, donde nos daba tiempo para limpiar las estaciones, picar cebollas y tomates, y algunos dormían una siesta en los baños. A lo que casualmente iba yo a pasar con la escoba.

Al entrar, vi a Timón y a la novia del gerente teniendo un faje en el baño, ni siquiera se percataron que habían dejado la puerta abierta, por lo que los encontré con «las manos en la masa» tal vez así encontró Zu a su ex/novio. Pero dieron gracias a Dios que había sido solo yo y no el novio de la chica. Por lo que juré guardar el secreto. Entonces me fui del baño y ellos siguieron en lo suyo. En realidad poco me importaba lo que había pasado en el baño, pero siento que no es justo engañar a alguien cuando realmente quieres estar con otra persona, es por eso que prefiero estar solo la mayoría del tiempo, excepto cuando estaba con Zu.

Al regresar a la caja no sabía muy bien qué hacer o qué decir —o no decir— entonces Eduardo llegó a mostrarme cuántos pines había ganado desde los dos meses que había estado trabajando aquí, era un total de dos estrellas, cosa que me alegré por él, pero me sentí triste, porque Eduardo no sabía que lo estaban manipulando, luego vi al novio de la gerente llegar al restaurante y me sentí triste por él porque no sabía todo lo que estaba ocurriendo en el baño.

Tomé un pañuelo y comencé a limpiar mi estación, deseando que 1. no llegaran muchas personas en el turno de la noche y 2. que por ningún motivo el gerente se le ocurriera entrar al baño a limpiar porque se iba a encontrar a su novia con otro.

La novia del gerente salió del baño como si no hubiese pasado nada, me observó y me lanzó una sonrisa de picardía y me hizo señas con el dedo índice, como indicando que le guardara el secreto, luego se fue a saludar a su novio con un largo e innecesario beso en la boca. Luego vi llegar a Timón quien salía también del baño, se arreglaba la camisa y no pude evitar ver que aún tenía una erección, tal vez no llegué a tiempo, o ellos se tenían tantas ganas que el pobre Timón quisiera tal vez un beso más largo, o tal vez una vida con ella.

Al terminar mi turno, debía ir al instituto, hoy nos darían la calificación del taller en el que conocí a Joe Kat y Lilith. Espero que hayamos salido bien, aunque el taller lo hicieron en realidad ellos, yo participé realmente poco, era un ensayo y yo no era muy bueno con las palabras, ni orales ni escritas, por lo que Kat y Lilith hicieron la mayor parte. Joe y yo solo las observábamos y dábamos opiniones muy puntuales, aunque al final escribían otra cosa que no tenía nada que ver con lo que nosotros habíamos dicho.

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