Después de terminar su obra de arte, July tomó unas hojas en blanco y comenzó a escribir lo que representaba la obra para ella. Los papeles abarrotaban el suelo, observaba una y otra vez la obra, pero su inspiración no quería fluir. Entonces, fue cuando en voz alta comenzó a
recitar:

–Había una vez…

De pronto escucha una voz muy fuerte, casi un grito de reclamo que la interrumpe diciendo:
—¿De verdad? ¿Comenzarás a narrar tu mejor obra de arte con “había una vez…”? – Se trataba de Gigi, su compañera de cuarto que se encontraba en el primer piso del apartamento que compartían.

—Affff no se me ocurre nada– replicó July ya cansada, arrugando nuevamente la hoja con lo que acababa de escribir, para luego arrojarla a la papelera repleta de intentos fallidos.

— A ver, tampoco es para tanto. Yo te voy a ayudar – respondió Gigi mientras subía al segundo piso y entrando en la habitación comenzó a decir:

«Todo comenzó en una noche de sexo alocado 
yo estaba embriagada con un montón de chocolates baratos y el con un licor, que ni el nombre se decir. Me encontraba con el chico más introvertido de aquella noche en el bar; sin imaginar que sería el más caliente que habría podido seleccionar. Cada uno de los rincones de mi abandonado apartamento fueron cómplices del encuentro casual.»

Una vez terminada la recomendación de Gigi soltó una carcajada, que asesinaba vilmente la imaginación de July, quien trataba de ponerle letras al cuadro que recién acababa de pintar.

En el retrato aparecía un cielo que se negaba a oscurecer mientras los rayos del sol lo iluminaban en un atardecer. De fondo se encontraban varios objetos, todas rodeando una silueta que formaba sutilmente un abstracto corazón y retrataba el cuerpo de una mujer abrazada con dos manos masculinas en medio de unas aparentes alas angelicales. Alrededor de esta silueta se encontraba la Torre Eiffel y en otra esquina la Estatua de la Libertad. A
lo lejos se podía ver el Cristo Redentor de Brasil y una cascada imponente que reflejaba el Santo Ángel venezolano. Muchos colores daban paso a que las imágenes formaran una orquesta visual, todo esto
estaba rodeado de una luz que parecía celestial.

July se había convertido una artista reconocida porque sus cuadros tocaban las almas y en ocasiones, hacía llorar a quienes apreciaban sus obras. El texto que intentaba escribir lo necesitaba para poder exponer su obra en la galería de arte y que de esta forma muchas personas se sintieran identificadas, al conocer qué fue lo que le inspiró realizar aquella pintura.
July también rió, y mientras le lanzaba pintura a su compañera exclamó:

– Ahora entiendo por qué la vida te ha puesto como mi amiga, me ayudas a despejar mi mente. ¿Sabes algo? Me has dado una muy buena idea, ¿Por qué no se me había ocurrido antes? Ya sé lo que haré, voy a escribir una poesía, hace tiempo que no me dedico un tiempo para expresar como me siento con palabras.

July tomó otra de las hojas en blanco y se dispuso a escribir la gran idea que se le había ocurrido. Pero, sin darse cuenta, Gigi la interrumpió, quitándole la última hoja que había tomado y colocando su mano en el escritorio. July quedó sin entender qué había pasado, luego observó a Gigi sin saber qué decir.

Gigi se excusó diciendo:

—July… el mundo siempre escribe poesía, que si el amor, que si el desamor, que si el corazón roto, etc… 
¡Ya estuvo! 
es un cuadro, 
es arte, 
¿para qué arruinarlo con letras?
¿Por qué limitarlo?
Permite que las personas lo vean, lo sientan. Que cada quien lo interprete a su manera.
Explicar el arte, es como explicar el amor, pierde el sentido.

July quedó atónita escuchando las palabras de Gigi. En el fondo sabía que tenía razón.

—Ven, mejor vamos a salir de esta pocilga. Vamos por cigarros, dejemos que nuestras neuronas respiren un rato algo contaminado— Tomó a July, se colocaron ambas un suéter y salieron a caminar.

Gigi encendió un cigarro, decía que fumar le enseñó
la técnica de inhalar y exhalar para relajar, fumaba una cajetilla de cigarros diaria, no le gustaban las meditaciones, decía que caminar y fumar la ayudaba con su ansiedad. Hace un tiempo practicó yoga, pero se enamoró de su profesor y éste le había roto el corazón. El profesor nunca le prestó a atención, o bueno, no la que ella deseaba.

Los corazones rotos son el resultado de almas que amaron profundamente a otros, pero no se amaron lo suficiente a sí mismos.

Cuatro cigarros después…

Después de ir a la tienda a comprar cigarros y chocolates, Gigi se fumó tres, con la misma velocidad que un leopardo detrás de una gacela, July comió tres chocolates para saciar su ansiedad. Sabía por qué Gigi hablaba de la manera que lo hacía, y agradecía que la hubiese sacado de sus cuatro paredes, que a veces parecían un laberinto sin salida.

De regreso a casa Gigi se lanzó en el viejo sofá de la sala, ya estaba ahí incluso años antes que ellas se mudaran. Y July subió al segundo piso donde tenía su obra de arte esperándola.

De frente al cuadro, July observó nuevamente la obra y comenzó a hablarle, casi susurrándole:

–Bueno… ahora sí me siento preparada para escribir. 
Cerró sus ojos y comenzó a escuchar lo que el cuadro le decía.

¿Cómo deseas que le cuente a todos sobre ti? 
¿Qué quieres decirme?
Sentada justo frente al cuadro, tomó una de las hojas nuevas que sacó del estante y comenzó a escribir.
Al terminar, miró el reloj y se percató que ya eran más de las tres de la madrugada. Dejó todo como estaba y
se durmió en el mismo sofá donde yacía Gigi.

A la mañana siguiente July comenzó a realizar los preparativos para la presentación. Gigi la ayudó en todo. July se sentía más confiada, más serena, más calmada.
Llegó el momento de la presentación y a July le tocaba su turno frente al público, el lugar estaba repleto, todos tenían sus mejores trajes, casi góticos, excéntricos y personas interesadas por el arte. Gigi se
encontraba al fondo del salón, ya había ido a fumar varias veces esa misma noche, su cuota de una cajetilla de cigarrillos había pasado al límite. El presentador anunció a July, ésta subió al podio, lucía un
vestido negro hermoso, era escarchado, con un gran escote y sus labios eran rojos, casi color sangre, su peinado era perfecto, y el maquillaje
había sido idea de Gigi. Tomó el micrófono y justo antes de comenzar, la cortina de su obra fue retirada.

Un gran WOWWW se escuchó en medio del salón y mientras todos estaban observando la obra July comenzó su escrito diciendo: 

¿Cómo es posible que exista un cielo sin estrellas?
De seguro es por tus ojos tristes,
desde que creíste que te habían roto el corazón,
perdieron el brillo y ya el cielo no lo refleja.
Por ti existen las estrellas.
Ellas son reflejo de tus ojos, 
dos luceros que intimidan a la oscuridad. 
Y ahora, por ti la noche se rehúsa a nacer 
en medio del atardecer,
ya no miras el cielo,
tu mirada siempre esta hacia abajo
derramando torrentes de dolor
como la cascada del Santo Ángel.
Sí, también comenzaste a creer en los ángeles
cuando el amor tomó con ambas manos tu cuerpo
y te enseño a danzar sin complicación, 
pues ni mirabas el reloj,
dejabas esperando a tus amigas
más de una hora en la estación.
Pero nada de eso importa ya,
sabemos que tus deseos se harán realidad,
el universo siempre se las arregla,
y junta a quienes lo deben estar.
Así que justo frente a la Torre Eiffel se van a encontrar,
no hablo del pasado en el que piensas,
me refiero a aquel que en tiempo presente llega,
él amará tanto como tu viajar,
el Cristo Redentor será una parada,
para luego a New York llegar.»

Se podía escuchar un llanto de fondo en el salón, se trataba de Gigi. Cada palabra, cada rima le tocó el corazón. Mientras lloraba una calma la embriagaba. Cada vez dolía menos. Luego ya no dolió.

El jurado eligió el cuadro ganador.
Fue el de July, la famosa artista que con sus cuadros transforma el dolor.

Escrito por Yesica Aguilar @microcuentos.ve


4 commentarios

Kathe · 27/05/2019 a las 3:42 PM

Cuando se tiene la capacidad de transmitir con las palabras, es cuándo se debe see conscientes del poder que se tiene. Ahora solo puedo decir que me transporte al apartamento, a la habitación, a la noche, a la galería, a la presentación del cuadro y dentro de ese momento, fui parte de la audiencia que paso a unirse a la pintura usando como transporte cada palabra relatada por la autora… Sencillamente, bravo 👏🏻👏🏻👏🏻

Excelente escrito y me parecieron escasas las ilustraciones para este texto, me esperaba llegar a ver el arte, aun siendo consciente de que no es tu habilidad… , gracias, gracias gracias

Joha · 27/05/2019 a las 6:15 PM

Me ha encantado esta lectura, hace mucho que no leo ningún libro y leer esto, me ha hecho sentir lo que es estar dentro de una história, ser acompañante del personaje y sentirse parte de lo que pasa. Felicito a la escritora, si tiene publicaciones, podria informarme y yo la apoyo, adquiriendo algún libro. En caso contrario, seguire tus pequeños escritos dónde esten. Chao

(y para Chriss, eres genial. Ya lo sabes)

Wendy · 28/05/2019 a las 1:07 AM

Quede conectada con la lectura, atrapada con la pintura, maravillada porque en poco hiciste que me transportara al lugar, incluso a materializara pintura. Gracias por compartir. Me quedo un poco corta con la ilustración, ya que no la conecto con la historia. Sin embargo debo decir que también es muy bella

Brenda Claudis · 28/05/2019 a las 5:00 AM

Simplemente increíble!
Buena historia, buena forma de hablar del arte.

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