“Empezaré por donde todo terminó, porque así comienza nuestra historia, por el final.”



Íbamos en el coche, en una carretera cubierta de neblina, de casualidad si podíamos ver a la via. Nacho manejaba despacio mientras yo iba en el asiento del copiloto abobada, mirándolo fijamente, no podía dejar de verlo. Lo confieso, estaba enamorada de él, de lo prohibido… más adelante entenderán porqué.

Era la primera vez que estábamos solos, nuestro amor era de esos donde no hacían falta los besos, no hacía falta tocarnos para amarnos; bastaba con mirarnos, y para llegar a un orgasmo, tan solo tenía que tomarme de la mano. No podíamos estar juntos y lo sabíamos, yo siempre mantuve lo que me gusta llamar “integridad” de nunca enamorarme de hombres ajenos, en este caso, fue distinto, le fallé a mis valores, y perdí mi integridad enamorándome de él.
—¿Qué hacía?—me pregunté mil veces, y lo callé, siempre respeté su compromiso, nunca dije nada, ni siquiera lo sufrí. Pero un pasado desconocido me ataba a él… todo se escondía en un silencio irónico entre mensajes y palabras, él no aguantó y un día me lo confesó, sentíamos lo mismo, pero siempre conscientes de que el silencio era lo único que podría mantenernos unidos.

Yo no quería que él rompiera con su chica, y tampoco quería ser el tipo de mujer a las que llaman “rompe hogares”. Perdí la cabeza, hablábamos todos los días y en un punto se convirtieron en pláticas de amor. Me sentía mal, pero al mismo tiempo me preguntaba ¿Cómo puede estar mal, algo que se siente tan bien?— Las dualidades e ironías de la vida.

En fin, les resumí un poco lo que somos, o lo que nunca fuimos. Nuestro primer y último minuto juntos, porque así es la vida, un segundo, y en nuestro primer encuentro de miradas fijas (Lo sé, que pésimo momento, él manejaba y aún así no parábamos de mirarnos)

—Cuando te veo, siento que te he amado an….— me dijo Nacho, mientras tomaba mi mano y fue ahí cuando nuestra historia, esa que nunca comenzó, terminó, con una luz blanca y un sonido que nos quitó la vida.

“El no pudo casarse con el amor de su vida, y yo no pude conocer al mío, por muy enamorada que estaba de Nacho, la imposibilidad me explicaba, que él no sería el amor de mi vida, solo ese amor que después de tantas decepciones, me devolvió las ganas de amar, y de creer en los “ahoras’ que mañana se convierten en un breve e ilógico ‘para siempre’.”

De pronto desperté, en un hospital vacío, me paré de la cama para buscar una enfermera, el ambiente tenía un color extraño, no lo puedo describir. El hospital estaba en buen estado, pero vacío. A lo lejos vi una sombra y me acerqué lo más rápido que pude con mi equipo intravenoso, y para mi sorpresa era Nacho.

—¿Dónde estamos?— Pregunté, confundida pero feliz de verlo.
—No lo sé, pero sé que no pertenecemos aquí.— Respondió. – Ven, sígueme.
—¿A dónde vamos? — le pregunté.
—A buscar la vida, a amarnos, necesito amarte en vida, me cansé de amarte solo en mis sueños, aunque algo me dice que esto no es un sueño.— me respondió, por primera vez seguro de un posible ‘nosotros’.

Un sonido lineal nublaba mi mente, y la imagen de Nacho se desvanecía ante mis ojos.

Ya nada tenía sentido, hasta que de pronto…… 

Desperté y mi cuerpo no era mi cuerpo, desperté en un cuerpo de 15 años, y me llamo Alicia, según una mujer a la que automáticamente llamé “madre”, quien me despertó para ir al colegio.    

Mi nombre real es Maia,  la que te cuenta ésta historia, esperando que un día, otra vida, me presente de nuevo contigo.

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1 comentario

Anónimo · 15/05/2020 a las 7:37 PM

Me ha conmovido mucho tu relato. Muy bueno, felicidades.

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