Seguramente las has escuchado: negación, ira, negociación, tristeza, aceptación. Las etapas del duelo se repiten tanto que muchos las imaginan como una escalera: subes un escalón, luego otro, y al final llegas arriba, sano. Pero entonces un día te sientes bien y, al siguiente, vuelves a llorar como la primera semana. Y piensas que retrocediste. Que lo estás haciendo mal.
No lo estás haciendo mal. El duelo simplemente no funciona así.
El duelo se parece más a las olas
Las etapas pueden llegar mezcladas, desordenadas o varias en un mismo día. Puedes sentir aceptación por la mañana y rabia por la tarde. Una canción, una fecha o un olor pueden devolverte a un lugar que creías superado. Eso no borra lo que avanzaste. Con el tiempo, las olas llegan más espaciadas y menos fuertes, aunque de vez en cuando alguna vuelva a mojarte.
Cómo acompañarte cuando el dolor vuelve
- No te juzgues. Volver a sentir no es retroceder, es seguir amando.
- Nombra lo que sientes. «Hoy tengo rabia». «Hoy lo extraño más». Ponerle nombre ayuda a atravesarlo.
- No huyas de la herida. Taparla con distracciones solo la pospone.
- Pide ayuda si se vuelve demasiado. Hablar con un profesional también es cuidarte.
Esa es la idea central de De mí para mí, puedes con esto y más, de Nacarid Portal y Chriss Braund: que sanar de verdad implica dejar de evitar la herida y mirarla de frente, aunque sea incómodo y lento. Y que, por difícil que parezca, el sol siempre vuelve a brillar. Consigue tu ejemplar aquí.
No hay una fecha límite para sanar. Hay días buenos, días malos y días en los que solo sobrevives. Todos cuentan.
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